La mayoría de ellas sin abrir. | 20minutos.
Una mujer de 77 años adicta a las compras, que llegó a acumular trescientas bufandas además de numerosas baratijas, murió en su casa del norte de Inglaterra tras quedar atrapada en una montaña de maletas que contenían miles de objetos.
Joan Cunnane, que pasaba varias horas diarias en las tiendas, tenía la casa tan repleta de objetos que apenas contaba con espacio suficiente para moverse. La mujer falleció el pasado 26 de diciembre de deshidratación tras ser hallada por la Policía, que acudió a su vivienda de Heaton Mersey, al norte de Inglaterra, alertada por vecinos preocupados ya que hacía días que no la veían.
A las fuerzas del orden les llevó un tiempo encontrar a Cunnane porque había objetos acumulados en todas partes, pero fue finalmente hallada en una de las habitaciones. Al parecer, la mujer buscaba una pertenencia en particular cuando las maletas se le cayeron encima y quedó «enterrada».
La anciana, con un claro síndrome de oniomanía, era soltera y vivía sola, pero había pasado la Navidad con un amigo, Roy Moran, también de 77 años, agrega el citado periódico. «Creo que le producía placer comprar cosas, ninguna era esencial. Una vez le pregunté cuántas bufandas tenía. Ella dijo que creía que tenía unas trescientas. Le pregunté por qué necesitaba tantas. Contestó que todas tenían distintos colores», dijo Moran.
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14 de enero de 2009
25 de septiembre de 2008
Confirman que la mayoría de usuarios de Windows son tontos
Ni siquieran leen los mensajes de aviso al pulsar botones. | Ars Technica.
Varios investigadores del Departamento de Psicología de la Universidad Estatal de Carolina del Norte han realizado un estudio para comprobar cómo responden los estudiantes universitarios a mensajes popup falsos en sus navegadores, y han hallado que la mayoría de ellos están tan ansiosos por cerrarlos que aceptan mensajes claramente peligrosos.
Los autores del estudio crearon cajas de diálogo con avisos tan amedrentadores como «La instrucción en ‘0x77f41d24’ accedió a la memoria en ‘0x595c2a4c’. La memoria no pudo ser ‘read’. Pulse ‘Aceptar’ para terminar el programa.» Uno de los avisos era indistinguibles de los estándar del sistema operativo Windows XP, pero los otros tenían tenían varias señales de aviso para indicar a los usuarios que podía tratarse de software malicioso, incluyendo colores chillones.
De los 42 estudiantes que participaron en el estudio, 26 clicaron en el botón ‘Aceptar’ del diálogo «auténtico», pero 25 pulsaron el mismo botón para los dos obviamente falsos, y 25 lo hicieron para el que mostraba la barra de estado del navegador. Solo 9 cerraron la ventana. En todos los casos, unos pocos usuarios se limitaron a minimizar la ventana o arrastrarla fuera, dejando en riesgo al siguiente usuario del ordenador.
El tiempo de respuesta no fue muy diferente de uno a otro diálogo, lo que indica que ni siquiera dedicaron tiempo a evaluarlos.
Las subsiguientes preguntas revelaron que los estudiantes consideraban cualquier caja de diálogo una distracción a la hora de navegar, y que casi la mitad solo se preocupaba de librarse de ellas. El resultado sugiere que la experiencia con los diálogos de Windows ha provocado cierto grado de desgana y que a los usuarios simplemente no les importa lo que dicen las cajas de diálogo.
Los autores del estudio sugieren que con un adiestramiento adecuado los usuarios podrían reconocer los riesgos implícitos a los popups, así como a distinguirlos de las cajas de diálogos auténticas de Windows, pero el hecho de que los estudiantes no parecieran dedicar tiempo a evularlos arroja dudas sobre si la formación sería suficiente.
El estudio aparecerá en el Proceedings of the Human Factors and Ergonomics Society.
Varios investigadores del Departamento de Psicología de la Universidad Estatal de Carolina del Norte han realizado un estudio para comprobar cómo responden los estudiantes universitarios a mensajes popup falsos en sus navegadores, y han hallado que la mayoría de ellos están tan ansiosos por cerrarlos que aceptan mensajes claramente peligrosos.
Los autores del estudio crearon cajas de diálogo con avisos tan amedrentadores como «La instrucción en ‘0x77f41d24’ accedió a la memoria en ‘0x595c2a4c’. La memoria no pudo ser ‘read’. Pulse ‘Aceptar’ para terminar el programa.» Uno de los avisos era indistinguibles de los estándar del sistema operativo Windows XP, pero los otros tenían tenían varias señales de aviso para indicar a los usuarios que podía tratarse de software malicioso, incluyendo colores chillones.
De los 42 estudiantes que participaron en el estudio, 26 clicaron en el botón ‘Aceptar’ del diálogo «auténtico», pero 25 pulsaron el mismo botón para los dos obviamente falsos, y 25 lo hicieron para el que mostraba la barra de estado del navegador. Solo 9 cerraron la ventana. En todos los casos, unos pocos usuarios se limitaron a minimizar la ventana o arrastrarla fuera, dejando en riesgo al siguiente usuario del ordenador.
El tiempo de respuesta no fue muy diferente de uno a otro diálogo, lo que indica que ni siquiera dedicaron tiempo a evaluarlos.
Las subsiguientes preguntas revelaron que los estudiantes consideraban cualquier caja de diálogo una distracción a la hora de navegar, y que casi la mitad solo se preocupaba de librarse de ellas. El resultado sugiere que la experiencia con los diálogos de Windows ha provocado cierto grado de desgana y que a los usuarios simplemente no les importa lo que dicen las cajas de diálogo.
Los autores del estudio sugieren que con un adiestramiento adecuado los usuarios podrían reconocer los riesgos implícitos a los popups, así como a distinguirlos de las cajas de diálogos auténticas de Windows, pero el hecho de que los estudiantes no parecieran dedicar tiempo a evularlos arroja dudas sobre si la formación sería suficiente.
El estudio aparecerá en el Proceedings of the Human Factors and Ergonomics Society.
24 de septiembre de 2008
Hallan que los hombres machistas ganan más dinero
Hasta 5800 € más al año. | El Mundo.
Un detallado estudio científico revela que los varones que tienen visiones tradicionales sobre los roles de cada sexo ganan más dinero, embolsándose hasta 5800 € más al año. En el caso de las mujeres ocurre lo contrario: las chicas con visiones igualitarias pueden ganar algo más que aquellas con concepciones más tradicionales, pero nada comparado con los hombres, ya que como mucho reciben 1000 € extra al cabo del año.
El descubrimiento, que se publica en la Journal of Applied Psychology, lo ha hecho un equipo de la Universidad de Florida tras entrevistar entre 1979 y 2005 a un total de 12.686 personas, periodo en el que también estudiaron cómo evolucionaban estas actitudes con el paso del tiempo.
Los participantes tuvieron que responder a preguntas sobre si pensaban que el lugar apropiado para la mujer era la casa, si creían que el aumento del número de mujeres trabajadoras había incrementado la delincuencia juvenil o si el hombre debe ser el principal motor económico de la familia, entre otras. Asimismo, se evaluó el tipo de trabajo, las horas dedicadas al empleo y otras variables.
Su análisis no deja lugar a dudas: los hombres más tradicionales ingresan más dinero. Un matrimonio en el que los cónyuges tienen una concepción tradicional de la familia y del papel que históricamente han desempeñado hombres y mujeres puede ganar hasta ocho veces más que una pareja con actitud igualitaria. «Esta diferencia se aprecia también hoy en día, cuando se supone que existen condiciones de trabajo equitativas para ambos sexos», afirma Timothy Judge, uno de los investigadores.
«Nuestros resultados indican que por el mismo trabajo y las mismas horas, los hombres tradicionales también ganan más que las mujeres con sus mismas ideas», añade Judge.
El trabajo también indica que los hombres caucásicos, casados, con alto nivel de educación, con hijos, que dedican muchas horas a su actividad fuera de casa y que desempeñan una tarea compleja son los que mejor sueldo tienen.
El porqué se produce esta desigualdad de salarios no está clara, aunque hay multitud de teorías al respecto. Los investigadores reconocen que «los hombres tradicionales, que piensan de sí mismos que son quienes deben llevar el dinero a casa, negocian sus salarios de forma más agresiva y firme que el resto».
En cuanto a los factores que influyen en que los individuos tengan una visión tradicional o moderna de los roles de cada sexo, los autores citan la edad —cuanto más jóvenes son los hombres más confían en el papel igualitario de varones y mujeres—, el estado civil —los casados suelen ser más tradicionales—, el ambiente en el que crece una persona —quienes viven en áreas más rurales y han recibido menos educación son, por norma general, más tradicionales—, la religión y el hecho de que los dos padres hayan trabajado fuera de casa, pues los hijos tienden a imitar ese modelo igualitario.
Para los investigadores la diferencia salarial no es sólo «un fenómeno económico, sino que la psicología tiene mucho que ver. Los políticos han intentado conseguir la igualdad durante décadas, pero nuestro estudio demuestra que aún no han logrado el objetivo», concluye Judge.
Un detallado estudio científico revela que los varones que tienen visiones tradicionales sobre los roles de cada sexo ganan más dinero, embolsándose hasta 5800 € más al año. En el caso de las mujeres ocurre lo contrario: las chicas con visiones igualitarias pueden ganar algo más que aquellas con concepciones más tradicionales, pero nada comparado con los hombres, ya que como mucho reciben 1000 € extra al cabo del año.
El descubrimiento, que se publica en la Journal of Applied Psychology, lo ha hecho un equipo de la Universidad de Florida tras entrevistar entre 1979 y 2005 a un total de 12.686 personas, periodo en el que también estudiaron cómo evolucionaban estas actitudes con el paso del tiempo.
Los participantes tuvieron que responder a preguntas sobre si pensaban que el lugar apropiado para la mujer era la casa, si creían que el aumento del número de mujeres trabajadoras había incrementado la delincuencia juvenil o si el hombre debe ser el principal motor económico de la familia, entre otras. Asimismo, se evaluó el tipo de trabajo, las horas dedicadas al empleo y otras variables.
Su análisis no deja lugar a dudas: los hombres más tradicionales ingresan más dinero. Un matrimonio en el que los cónyuges tienen una concepción tradicional de la familia y del papel que históricamente han desempeñado hombres y mujeres puede ganar hasta ocho veces más que una pareja con actitud igualitaria. «Esta diferencia se aprecia también hoy en día, cuando se supone que existen condiciones de trabajo equitativas para ambos sexos», afirma Timothy Judge, uno de los investigadores.
«Nuestros resultados indican que por el mismo trabajo y las mismas horas, los hombres tradicionales también ganan más que las mujeres con sus mismas ideas», añade Judge.
El trabajo también indica que los hombres caucásicos, casados, con alto nivel de educación, con hijos, que dedican muchas horas a su actividad fuera de casa y que desempeñan una tarea compleja son los que mejor sueldo tienen.
El porqué se produce esta desigualdad de salarios no está clara, aunque hay multitud de teorías al respecto. Los investigadores reconocen que «los hombres tradicionales, que piensan de sí mismos que son quienes deben llevar el dinero a casa, negocian sus salarios de forma más agresiva y firme que el resto».
En cuanto a los factores que influyen en que los individuos tengan una visión tradicional o moderna de los roles de cada sexo, los autores citan la edad —cuanto más jóvenes son los hombres más confían en el papel igualitario de varones y mujeres—, el estado civil —los casados suelen ser más tradicionales—, el ambiente en el que crece una persona —quienes viven en áreas más rurales y han recibido menos educación son, por norma general, más tradicionales—, la religión y el hecho de que los dos padres hayan trabajado fuera de casa, pues los hijos tienden a imitar ese modelo igualitario.
Para los investigadores la diferencia salarial no es sólo «un fenómeno económico, sino que la psicología tiene mucho que ver. Los políticos han intentado conseguir la igualdad durante décadas, pero nuestro estudio demuestra que aún no han logrado el objetivo», concluye Judge.
Un ecologista estadounidense lleva nueve meses sin tirar nada a la basura
Sus vecinos estudian emprender acciones legales. | El País.
Dave Chameides, un cámara estadounidense ganador de dos premios EMI, decidió pasar 2008 acumulando su basura en el sótano en lugar de sacarla al cubo.
Según cuenta en su blog, 365 días de basura, un día «estaba tirando una cosa a la basura cuando me di cuenta de que no estaba haciendo nada más que eso. Simplemente lo estaba haciendo desaparecer (...) Entonces pensé que, si todos fuéramos responsables de nuestra basura, si no pudiéramos hacerla desaparecer, tendríamos que enfrentarnos a algunas verdades incómodas sobre nuestro estilo de vida». Chameides decidió enfrentarse a su basura y comenzar acumularla en el sótano hasta fin de año.
Una vez recabado el apoyo de su mujer y de sus dos hijas pequeñas, a las que dejó fuera del experimento junto al perro, se impuso una serie de normas por las que se regiría su proyecto. «La verdad es que no he elaborado un plan para hacer esto, lo que ha terminado siendo lo mejor», ha declarado. Las soluciones las ha ido encontrando a medida que surgían los problemas y con ayuda de los lectores de su bitácora, que le han ido dejando consejos prácticos para llevar la empresa a buen fin.
Separa el papel de los envases y guarda los cartones aparte. Las bolsas de plástico, que considera una auténtica plaga, las acumula en otra parte y trata de reutilizarlas al máximo. A la pregunta de si el sótano no apesta, responde sencillamente que lo único que puede dar mal olor son los residuos orgánicos. Y Chameides ha descubierto un sistema perfecto para librarse de ellos en su casa: la lombricultura, fabricación de abono mediante lombrices.
En un vídeo publicado en YouTube, el ecologista explica cómo ha instalado una pequeña granja de gusanos en el sótano a la que arroja los desechos orgánicos de su basura. Éstos se comen las bacterias resultantes de la descomposición y, lentamente, sus excrementos las van convirtiendo en uno de los más preciados abonos naturales que existen: el humus de lombriz. Chameides confiesa que no conviene deshacerse de este modo de restos de carne ni de productos lácteos porque olerían mal. Para él no supone un problema, ya que no come carne y afirma terminarse todos los lácteos que consume. Las lombrices mantienen su propio ecosistema dentro de las cubetas en que las mantiene y su población se duplica cada mes. Ya tiene 67.000.
En su afán por llevar perfecta cuenta de la basura que produce, Chameides llega a traerse de vuelta a su casa los desperdicios que produce cuando sale de viaje. Durante sus últimas vacaciones en México, etiquetó y empaquetó cuidadosamente cuanto producía. Al regresar a Estados Unidos, los agentes de aduanas quedaron un tanto sorprendidos. «La mujer en la aduana dijo “¿Qué es esto?” Le dije “basura”. Se rió, cerró a bolsa y me dejó pasar», relata Dave.
Lo cierto es que la experiencia de Chameides está arrojando resultados. Pasados ocho meses, tan sólo leva acumulados en el sótano cerca de 13 kilos de basura. El estadounidense medio ya tendría 176 kilos yaciendo en su patio. El ecologista también reconoce que ha cambiado sus hábitos de consumo, tratando de racionalizarnos.
«No ha sido tan difícil», señala. «Soy un tipo normal, solo que guardo mi basura en el sótano», concluye con ironía.
Dave Chameides, un cámara estadounidense ganador de dos premios EMI, decidió pasar 2008 acumulando su basura en el sótano en lugar de sacarla al cubo.Según cuenta en su blog, 365 días de basura, un día «estaba tirando una cosa a la basura cuando me di cuenta de que no estaba haciendo nada más que eso. Simplemente lo estaba haciendo desaparecer (...) Entonces pensé que, si todos fuéramos responsables de nuestra basura, si no pudiéramos hacerla desaparecer, tendríamos que enfrentarnos a algunas verdades incómodas sobre nuestro estilo de vida». Chameides decidió enfrentarse a su basura y comenzar acumularla en el sótano hasta fin de año.
Una vez recabado el apoyo de su mujer y de sus dos hijas pequeñas, a las que dejó fuera del experimento junto al perro, se impuso una serie de normas por las que se regiría su proyecto. «La verdad es que no he elaborado un plan para hacer esto, lo que ha terminado siendo lo mejor», ha declarado. Las soluciones las ha ido encontrando a medida que surgían los problemas y con ayuda de los lectores de su bitácora, que le han ido dejando consejos prácticos para llevar la empresa a buen fin.
Separa el papel de los envases y guarda los cartones aparte. Las bolsas de plástico, que considera una auténtica plaga, las acumula en otra parte y trata de reutilizarlas al máximo. A la pregunta de si el sótano no apesta, responde sencillamente que lo único que puede dar mal olor son los residuos orgánicos. Y Chameides ha descubierto un sistema perfecto para librarse de ellos en su casa: la lombricultura, fabricación de abono mediante lombrices.
En un vídeo publicado en YouTube, el ecologista explica cómo ha instalado una pequeña granja de gusanos en el sótano a la que arroja los desechos orgánicos de su basura. Éstos se comen las bacterias resultantes de la descomposición y, lentamente, sus excrementos las van convirtiendo en uno de los más preciados abonos naturales que existen: el humus de lombriz. Chameides confiesa que no conviene deshacerse de este modo de restos de carne ni de productos lácteos porque olerían mal. Para él no supone un problema, ya que no come carne y afirma terminarse todos los lácteos que consume. Las lombrices mantienen su propio ecosistema dentro de las cubetas en que las mantiene y su población se duplica cada mes. Ya tiene 67.000.
En su afán por llevar perfecta cuenta de la basura que produce, Chameides llega a traerse de vuelta a su casa los desperdicios que produce cuando sale de viaje. Durante sus últimas vacaciones en México, etiquetó y empaquetó cuidadosamente cuanto producía. Al regresar a Estados Unidos, los agentes de aduanas quedaron un tanto sorprendidos. «La mujer en la aduana dijo “¿Qué es esto?” Le dije “basura”. Se rió, cerró a bolsa y me dejó pasar», relata Dave.
Lo cierto es que la experiencia de Chameides está arrojando resultados. Pasados ocho meses, tan sólo leva acumulados en el sótano cerca de 13 kilos de basura. El estadounidense medio ya tendría 176 kilos yaciendo en su patio. El ecologista también reconoce que ha cambiado sus hábitos de consumo, tratando de racionalizarnos.
«No ha sido tan difícil», señala. «Soy un tipo normal, solo que guardo mi basura en el sótano», concluye con ironía.
14 de septiembre de 2008
Un estadounidense logra consumir 23.000 hamburguesas en 36 años
Sin morirse. | Globe and Mail.
Don Gorske comunicó haber superado la barrera de las 23000 hamburguesas consumidas el mes pasado, siguiendo una obsesión culinaria (que algunos califican de transtorno obsesivo-compulsivo) que empezó el 17 de mayo de 1972.
«Las disfruto cada día», dijo Gorske, de 54 años. «Necesito dos para saciarme.»
Gorske, oriundo de Fond du Lac, conserva todos los tiques de las hamburguesas que ha comido en una caja. Dice que siempre ha estado fascinado por los números, y saber que McDonald's vigila su número de clientes le motivó a vigilar sus propias consumiciones.
A pesar de una dieta que algunos consideraría insaluble, Gorske dice conservarse en buena forma: mide 1,88 m, pesa 84 kg, y camina hasta 16 km al día. Solía pedir patatas fritas cada día en los años 80, pero empezó a recortarlas en los 90, y ahora las come solo una vez al mes. Toma dos Big Macs y dos parfaits al día.
Gorske ha escrito un libro sobre su experiencia. «A veces la gente me llama friki, pero no me molesta. Solo digo que hay que respetar a la gente tal como es», declaró. «Solo quiero asegurarme de que la gente entienda que no voy a cambiar.»
Recuerda inmediatamente los ocho días en los que no pudo satisfacer su anhelo. Uno fue en 1988, el día que su madre murió, por respetar una petición que ella le hizo. «Le hice una promesa y siempre mantengo mis promesa», dijo. «También le prometí que no me cortaría el pelo y no lo he hecho en los últimos 20 años.»
Tampoco pudo atacar una Big Mac dos veces por culpa de su trabajo. Empleado en un correccional, Gorske dice que diversas emergencias laborales le impidieron salir antes de medianoche, por lo que considera esos días como perdidos.
Otras tres veces fueron porque estaba de viaje y no pudo encontrar un McDonald's. Tampoco pudo tomar su Big Mac el día de Acción de Gracia del 2000, y durante una tormenta de nieve en 1982 que provocó que el McDonald local no pudiese abrir.
«Entonces adquirí la costumbre de guardarlas en el frigorífico», dice. Gorske siempre tiene una o dos hamburguesas a mano pero incremente sus reservas a cuatro o cinco durante el invierno.
Don Gorske comunicó haber superado la barrera de las 23000 hamburguesas consumidas el mes pasado, siguiendo una obsesión culinaria (que algunos califican de transtorno obsesivo-compulsivo) que empezó el 17 de mayo de 1972.«Las disfruto cada día», dijo Gorske, de 54 años. «Necesito dos para saciarme.»
Gorske, oriundo de Fond du Lac, conserva todos los tiques de las hamburguesas que ha comido en una caja. Dice que siempre ha estado fascinado por los números, y saber que McDonald's vigila su número de clientes le motivó a vigilar sus propias consumiciones.
A pesar de una dieta que algunos consideraría insaluble, Gorske dice conservarse en buena forma: mide 1,88 m, pesa 84 kg, y camina hasta 16 km al día. Solía pedir patatas fritas cada día en los años 80, pero empezó a recortarlas en los 90, y ahora las come solo una vez al mes. Toma dos Big Macs y dos parfaits al día.
Gorske ha escrito un libro sobre su experiencia. «A veces la gente me llama friki, pero no me molesta. Solo digo que hay que respetar a la gente tal como es», declaró. «Solo quiero asegurarme de que la gente entienda que no voy a cambiar.»
Recuerda inmediatamente los ocho días en los que no pudo satisfacer su anhelo. Uno fue en 1988, el día que su madre murió, por respetar una petición que ella le hizo. «Le hice una promesa y siempre mantengo mis promesa», dijo. «También le prometí que no me cortaría el pelo y no lo he hecho en los últimos 20 años.»
Tampoco pudo atacar una Big Mac dos veces por culpa de su trabajo. Empleado en un correccional, Gorske dice que diversas emergencias laborales le impidieron salir antes de medianoche, por lo que considera esos días como perdidos.
Otras tres veces fueron porque estaba de viaje y no pudo encontrar un McDonald's. Tampoco pudo tomar su Big Mac el día de Acción de Gracia del 2000, y durante una tormenta de nieve en 1982 que provocó que el McDonald local no pudiese abrir.
«Entonces adquirí la costumbre de guardarlas en el frigorífico», dice. Gorske siempre tiene una o dos hamburguesas a mano pero incremente sus reservas a cuatro o cinco durante el invierno.
15 de agosto de 2008
Descubren por qué todos los chinos les parecen iguales a los occidentales
El secreto para distinguirlos está en mirarles a la nariz. | Público.
Según los estudios científicos realizados hasta el momento, la dificultad que experimentan los occidentales para distinguir unos chinos de otros se debe a que están poco «entrenados» debido a que no suelen convivir con ellos. Además, otros trabajos en curso apuntan a que occidentales y orientales siguen estrategias diferentes a la hora de hacer un reconocimiento facial. Así, mientras que los primeros miran inicialmente a los ojos y después a la boca, los asiáticos miran directamente a la nariz.
Estas investigaciones, que están desarrollando científicos de la Universidad de Glasgow (Reino Unido) dirigidos por el profesor de Psicología Roberto Caldara, se basan en el análisis de movimientos oculares de dos grupos de occidentales y asiáticos. La diferencia en la forma de mirar es un elemento que los científicos no esperaban encontrar, ya que hasta ahora se pensaba que el proceso triangular de visualización del rostro (mirando primero a los ojos y luego a la boca) era común a todos los humanos.
La explicación que los investigadores dan a este hecho se basa en las diferencias culturales. «Los europeos son muy individualistas y los asiáticos son muy colectivistas; ellos toman las decisiones en grupo y no le dan tanta importancia al individuo», afirma Caldara. Esto –explica el psicólogo– influye en su modo de percibir el mundo, de forma que miran a la nariz porque para ellos es de mala educación mirar a los ojos y porque es el mejor punto para obtener una representación global del rostro. Al estar en el centro de la cara, se puede ver todo al mismo tiempo. «Sin embargo, nosotros los occidentales miramos por partes: primero un ojo, después otro y por último la boca», afirma el investigador.
«En cualquier caso, lo importante es que este estudio revela que lo que pensábamos que era universal no lo es, por lo que debemos tener cuidado a la hora de generalizar», concluye el psicólogo.
La respuesta que se ha dado hasta ahora al hecho de que, por ejemplo, los europeos no distingan con precisión a los chinos, se conoce como el «efecto de otras razas». Este efecto se produce porque los rasgos de los asiáticos son muy distintos a los de los occidentales y por eso, al no estar acostumbrados a ellos, éstos no pueden procesar con exactitud sus características faciales.
El efecto es un fenómeno demostrado empíricamente en numerosas investigaciones y aceptado por los especialistas, y también lo confirman los estudios realizados por el equipo de Roberto Caldara. Pero estos expertos ya habían hecho antes otras investigaciones que desvelaban que el problema de distinción no sólo se produce a causa del efecto, sino también por motivos culturales.
De este modo, sus estudios muestran que las dificultades para reconocer a personas de otras razas se deben más a una falta de convivencia con ellas que a las características físicas. «No diferenciamos a los chinos porque, al no convivir con ellos, no estamos habituados a reconocer a gente con esos rasgos; no estamos entrenados para ello», asegura Caldara.
Además, el psicólogo puntualiza que aunque un occidental viviera en un barrio chino, seguiría sin distinguirles si no se relaciona con ellos. «Para ello deberían formar parte de nuestro entorno personal, de nuestra vida; deberíamos conocerlos y esforzarnos por distinguir entre uno y otro, pero como normalmente no tenemos esa necesidad de acercamiento, los acabamos metiendo a todos en el mismo saco», afirma el especialista.
También en torno a la segregación como posible causa del peor reconocimiento físico de gente de otras razas gira un estudio de la Universidad de Miami (EE.UU.) publicado en la revista de la Asociación para la Ciencia de la Psicología estadounidense. Su conclusión es que «no las reconocemos bien porque tendemos a clasificar a las personas como de nuestro grupo o de fuera de nuestro grupo, según su clase social, aficiones y otros parámetros entre los que se encuentra la raza».
A juicio de los autores, «con frecuencia las personas dividen el mundo entre nosotros y ellos, es decir, dividen en grupos sociales según su raza, nacionalidad u ocupación». Por este motivo, los científicos sostienen que los problemas de reconocimiento pueden ocurrir sin necesidad de que las personas sean de distinta raza o tengan un físico diferente, de forma que lo que está en juego es mucho más que una falta de familiaridad con sus rasgos.
Según los estudios científicos realizados hasta el momento, la dificultad que experimentan los occidentales para distinguir unos chinos de otros se debe a que están poco «entrenados» debido a que no suelen convivir con ellos. Además, otros trabajos en curso apuntan a que occidentales y orientales siguen estrategias diferentes a la hora de hacer un reconocimiento facial. Así, mientras que los primeros miran inicialmente a los ojos y después a la boca, los asiáticos miran directamente a la nariz.
Estas investigaciones, que están desarrollando científicos de la Universidad de Glasgow (Reino Unido) dirigidos por el profesor de Psicología Roberto Caldara, se basan en el análisis de movimientos oculares de dos grupos de occidentales y asiáticos. La diferencia en la forma de mirar es un elemento que los científicos no esperaban encontrar, ya que hasta ahora se pensaba que el proceso triangular de visualización del rostro (mirando primero a los ojos y luego a la boca) era común a todos los humanos.
La explicación que los investigadores dan a este hecho se basa en las diferencias culturales. «Los europeos son muy individualistas y los asiáticos son muy colectivistas; ellos toman las decisiones en grupo y no le dan tanta importancia al individuo», afirma Caldara. Esto –explica el psicólogo– influye en su modo de percibir el mundo, de forma que miran a la nariz porque para ellos es de mala educación mirar a los ojos y porque es el mejor punto para obtener una representación global del rostro. Al estar en el centro de la cara, se puede ver todo al mismo tiempo. «Sin embargo, nosotros los occidentales miramos por partes: primero un ojo, después otro y por último la boca», afirma el investigador.
«En cualquier caso, lo importante es que este estudio revela que lo que pensábamos que era universal no lo es, por lo que debemos tener cuidado a la hora de generalizar», concluye el psicólogo.
La respuesta que se ha dado hasta ahora al hecho de que, por ejemplo, los europeos no distingan con precisión a los chinos, se conoce como el «efecto de otras razas». Este efecto se produce porque los rasgos de los asiáticos son muy distintos a los de los occidentales y por eso, al no estar acostumbrados a ellos, éstos no pueden procesar con exactitud sus características faciales.
El efecto es un fenómeno demostrado empíricamente en numerosas investigaciones y aceptado por los especialistas, y también lo confirman los estudios realizados por el equipo de Roberto Caldara. Pero estos expertos ya habían hecho antes otras investigaciones que desvelaban que el problema de distinción no sólo se produce a causa del efecto, sino también por motivos culturales.
De este modo, sus estudios muestran que las dificultades para reconocer a personas de otras razas se deben más a una falta de convivencia con ellas que a las características físicas. «No diferenciamos a los chinos porque, al no convivir con ellos, no estamos habituados a reconocer a gente con esos rasgos; no estamos entrenados para ello», asegura Caldara.
Además, el psicólogo puntualiza que aunque un occidental viviera en un barrio chino, seguiría sin distinguirles si no se relaciona con ellos. «Para ello deberían formar parte de nuestro entorno personal, de nuestra vida; deberíamos conocerlos y esforzarnos por distinguir entre uno y otro, pero como normalmente no tenemos esa necesidad de acercamiento, los acabamos metiendo a todos en el mismo saco», afirma el especialista.
También en torno a la segregación como posible causa del peor reconocimiento físico de gente de otras razas gira un estudio de la Universidad de Miami (EE.UU.) publicado en la revista de la Asociación para la Ciencia de la Psicología estadounidense. Su conclusión es que «no las reconocemos bien porque tendemos a clasificar a las personas como de nuestro grupo o de fuera de nuestro grupo, según su clase social, aficiones y otros parámetros entre los que se encuentra la raza».
A juicio de los autores, «con frecuencia las personas dividen el mundo entre nosotros y ellos, es decir, dividen en grupos sociales según su raza, nacionalidad u ocupación». Por este motivo, los científicos sostienen que los problemas de reconocimiento pueden ocurrir sin necesidad de que las personas sean de distinta raza o tengan un físico diferente, de forma que lo que está en juego es mucho más que una falta de familiaridad con sus rasgos.
1 de julio de 2008
Centros alemanes para enfermos de alzhéimer instalan paradas de bus falsas para evitar fugas
Antes recurrían a la policía. | Telegraph.
Los centros para enfermos de alzhéimer de Alemania han comenzado a usar una novedosa estrategia para evitar que los pacientes se fuguen: instalar paradas de bus fantasmas.
La idea se probó por primera vez en el Centro para Mayores Benrath de Düsseldorf, que instaló una réplica exacta de una parada de autobús estándar fuera, junto a la entrada, en la que no paran los autobuses.
El centro se había visto obligado a confiar en la policía para recuperar a los pacientes que querían regresar a sus a menudo inexistentes hogares y familias.
La dirección del Benrath, en colaboración con una asociación local llamada «Viejos Leones», acudió a la red de transportes del Rheinbahn para conseguir una parada de autobús auténtica.
«Suena divertido pero funciona», dijo Franz-Josef Goebel, presidente de la asociación «Viejos Leones».
«Nuestros miembros tienen una media de 84 años de edad. Su memoria a corto plazo casi no funciona, pero la memoria a largo plazo sigue activa. Conocen la señal de bus verde y amarilla y recuerdan que esperar allí significa que irán a casa.»
El resultado es que los pacientes errantes ahora se quedan esperando el viaje de vuelta a casa en la parada de bus falsa, antes de olvidar rápidamente por qué están allí.
«Entonces no acercamos a ellos, les decimos que el bus tardará un poco y les invitamos a un café», dijo Richard Neureither, director del Benrath. «Cinco minutos después han olvidado completamente que querían irse.»
La idea ha demostrado ser tan exitosa que ya ha sido adoptada por varias residencias más de toda Alemania.
Los centros para enfermos de alzhéimer de Alemania han comenzado a usar una novedosa estrategia para evitar que los pacientes se fuguen: instalar paradas de bus fantasmas.
La idea se probó por primera vez en el Centro para Mayores Benrath de Düsseldorf, que instaló una réplica exacta de una parada de autobús estándar fuera, junto a la entrada, en la que no paran los autobuses.
El centro se había visto obligado a confiar en la policía para recuperar a los pacientes que querían regresar a sus a menudo inexistentes hogares y familias.
La dirección del Benrath, en colaboración con una asociación local llamada «Viejos Leones», acudió a la red de transportes del Rheinbahn para conseguir una parada de autobús auténtica.
«Suena divertido pero funciona», dijo Franz-Josef Goebel, presidente de la asociación «Viejos Leones».
«Nuestros miembros tienen una media de 84 años de edad. Su memoria a corto plazo casi no funciona, pero la memoria a largo plazo sigue activa. Conocen la señal de bus verde y amarilla y recuerdan que esperar allí significa que irán a casa.»
El resultado es que los pacientes errantes ahora se quedan esperando el viaje de vuelta a casa en la parada de bus falsa, antes de olvidar rápidamente por qué están allí.
«Entonces no acercamos a ellos, les decimos que el bus tardará un poco y les invitamos a un café», dijo Richard Neureither, director del Benrath. «Cinco minutos después han olvidado completamente que querían irse.»
La idea ha demostrado ser tan exitosa que ya ha sido adoptada por varias residencias más de toda Alemania.
6 de junio de 2008
Josef Fritzl, el monstruo de Amstetten, recibe cientos de carta de amor
Le creen un buen padre por alejar a su hija de las drogas y el alcohol. | Daily Mail, The Sun, News.com.au.
Josef Fritzl, conocido como el «monstruo de Amstetten», ha recibido desde que está en prisión cientos de cartas de amor de mujeres solitarias que le ofrecen una relación.
Algunas de ellas afirman que Fritzl, que encerró a su hija Elisabeth en el sótano durante 24 años y tuvo con ella varios hijos, tiene «buen corazón» y es un incomprendido.
Las autoras de estas más de 200 cartas creen que el antiguo electricista austriaco quería mantener a su hija alejada de los problemas, las drogas y el alcohol, y que por eso la encerró durante la mayor parte de su vida. También creen que Fritzl quería enseñar a Elizabeth el «goce de la maternidad» y por eso engendró siete hijos con ella.
El psicólogo de la Universidad Metropolitana de Manchester Mike Berry afirma que no es inusual que los criminales reciban cartas de apoyo. «Los autores suelen creer que pueden ayudar o cambiar a los presos, normalmente con poco éxito», explicó. «Pero existe el riesgo de que el escritor se sienta estafado y emocionalmente herido por el preso.»
La Asociación Nacional de Enclitofilia rehusó hacer declaraciones.
Josef Fritzl, conocido como el «monstruo de Amstetten», ha recibido desde que está en prisión cientos de cartas de amor de mujeres solitarias que le ofrecen una relación.
Algunas de ellas afirman que Fritzl, que encerró a su hija Elisabeth en el sótano durante 24 años y tuvo con ella varios hijos, tiene «buen corazón» y es un incomprendido.
Las autoras de estas más de 200 cartas creen que el antiguo electricista austriaco quería mantener a su hija alejada de los problemas, las drogas y el alcohol, y que por eso la encerró durante la mayor parte de su vida. También creen que Fritzl quería enseñar a Elizabeth el «goce de la maternidad» y por eso engendró siete hijos con ella.
El psicólogo de la Universidad Metropolitana de Manchester Mike Berry afirma que no es inusual que los criminales reciban cartas de apoyo. «Los autores suelen creer que pueden ayudar o cambiar a los presos, normalmente con poco éxito», explicó. «Pero existe el riesgo de que el escritor se sienta estafado y emocionalmente herido por el preso.»
La Asociación Nacional de Enclitofilia rehusó hacer declaraciones.
15 de mayo de 2008
Un transplante de riñón cambió su personalidad
Ahora le gusta leer a Austen y Dostoevsky. | Telegraph.
Cheryl Johnson, de 37 años, afirma haber sufrido un cambio completo de personalidad tras haber recibido un transplante de riñón.
Johnson cree que debe haber recibido sus nuevos rasgos del donante, un hombre de 59 años que murió por un aneurisma. Esta madre soltera explica que sus gustos literarios han sufrido un dramático giro, pues antes solo leía novelas rosas y ahora Dostoevsky es su autor de cabecera.
«Mi hijo dice que cuando me hicieron el transplante me volví borde e irritable, y yo no soy así», explicó. «Siempre amé la lectura pero no empecé a leer clásicos como Jaen Austen y Dostoevsky hasta después de la operación. Un día me encontré leyendo Persuasión.»
La vida de esta antigua vigilante del estado de fútbol Preston North End ha dado un vuelco desde la operación. «Respeto completamente a la familia que me dio este riñón. Me dieron la mejor cosa que podían: una oportunidad para una vida normal. Se lo agradeceré siempre», matiza.
Investigadores estadounidenses han desarrollado una teoría llamada memoria celular para explicar los cambios de personalidad que supuestamente experimentan los receptores de algunos transplantes, como una mujer de Massachusetts con vértigo que se volvió escaladora, un abogado de Milwaukee que empezó a comer Snickers aunque siempre había odiado el chocolate y una niña de siete años que tenía pesadillas en las que la asesinaban tras recibir el corazón de un niño asesinado. Sin embargo, el único caso reconocido por la comunidad científica es el de una niña australiana de 15 años cuyo grupo sanguíneo cambió tras un transplante de hígado.
El Servicio de Transplantes del Reino Unido se muestra escéptico con el caso de Johnson. Un portavoz declaró: «Aunque no lo descartamos completamente, no hay razones para creer que estas cosas ocurran. Estaríamos interesados en estudiar cualquier prueba definitiva que lo apoye.»
Cheryl Johnson, de 37 años, afirma haber sufrido un cambio completo de personalidad tras haber recibido un transplante de riñón.
Johnson cree que debe haber recibido sus nuevos rasgos del donante, un hombre de 59 años que murió por un aneurisma. Esta madre soltera explica que sus gustos literarios han sufrido un dramático giro, pues antes solo leía novelas rosas y ahora Dostoevsky es su autor de cabecera.
«Mi hijo dice que cuando me hicieron el transplante me volví borde e irritable, y yo no soy así», explicó. «Siempre amé la lectura pero no empecé a leer clásicos como Jaen Austen y Dostoevsky hasta después de la operación. Un día me encontré leyendo Persuasión.»
La vida de esta antigua vigilante del estado de fútbol Preston North End ha dado un vuelco desde la operación. «Respeto completamente a la familia que me dio este riñón. Me dieron la mejor cosa que podían: una oportunidad para una vida normal. Se lo agradeceré siempre», matiza.
Investigadores estadounidenses han desarrollado una teoría llamada memoria celular para explicar los cambios de personalidad que supuestamente experimentan los receptores de algunos transplantes, como una mujer de Massachusetts con vértigo que se volvió escaladora, un abogado de Milwaukee que empezó a comer Snickers aunque siempre había odiado el chocolate y una niña de siete años que tenía pesadillas en las que la asesinaban tras recibir el corazón de un niño asesinado. Sin embargo, el único caso reconocido por la comunidad científica es el de una niña australiana de 15 años cuyo grupo sanguíneo cambió tras un transplante de hígado.
El Servicio de Transplantes del Reino Unido se muestra escéptico con el caso de Johnson. Un portavoz declaró: «Aunque no lo descartamos completamente, no hay razones para creer que estas cosas ocurran. Estaríamos interesados en estudiar cualquier prueba definitiva que lo apoye.»
24 de abril de 2008
Detenido tras llenar el depósito de un vehículo imaginario
La policía comprobó que además olía a marihuana. | MSNBC.
Un hombre de Frankfort (Kentucky) fue arrestado acusado de tráfico de drogas después de que repostase gasolina en un vehículo imaginario. De acuerdo con el parte de detención, la policía llegó a una gasolinera en la esquina de la calle First con Jefferson, en Louisville, e inmediatamente advirtieron el olor a marihuana que despedía Joshua L. Moore, de 25 años, de quien los dependientes sostenían que estaba llenando el depósito de un vehículo imaginario.
Los oficiales registraron a Moore y hallaron «dos grandes bolsas» de marihuana y una considerable cantidad de éxtasis. Un portavoz de la policía declaró que Moore también portaba en el momento de la detención un teléfono móvil y una gran suma de dinero en metálico, lo que señalaron como indicativo de que se dedicaba al tráfico de drogas.
Un hombre de Frankfort (Kentucky) fue arrestado acusado de tráfico de drogas después de que repostase gasolina en un vehículo imaginario. De acuerdo con el parte de detención, la policía llegó a una gasolinera en la esquina de la calle First con Jefferson, en Louisville, e inmediatamente advirtieron el olor a marihuana que despedía Joshua L. Moore, de 25 años, de quien los dependientes sostenían que estaba llenando el depósito de un vehículo imaginario.
Los oficiales registraron a Moore y hallaron «dos grandes bolsas» de marihuana y una considerable cantidad de éxtasis. Un portavoz de la policía declaró que Moore también portaba en el momento de la detención un teléfono móvil y una gran suma de dinero en metálico, lo que señalaron como indicativo de que se dedicaba al tráfico de drogas.
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